Tengo un frío que me está empezando a calar los huesos como si fuera pleno invierno. Este clima bipolar de Calera de Tango que nos obliga a tener el polar en el closet durante todo el año. No importa. Piensa, piensa, piensa. Busca tu palabra.
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Lectura.
Designa la acción de leer. La palabra proviene del vocablo latín lectūra, que a su vez deriva del verbo legĕre, que significa «leer». Como lectura también se denomina aquella obra o texto que se lee. Del mismo modo, una lectura es la interpretación que se hace de un texto.
Maldita sea, acá está mi etimología. Triste, feliz, enchuchada, decepcionada o simplemente chata; la lectura siempre me acompaña. Me soba el hombro, me hace cariñito en el pelo. Me envuelve en sus hojas. Me consuela.
Me la he pasado leyendo. Abrazada a tomos baratos, piratas. Tapa dura. Tapa blanda. Clásicos. Contemporáneos. El repartidor ya conoce la casa de memoria, ni siquiera llama para recibir instrucciones. Llega, toca el timbre: Hola, Danielita, le traje sus libros.
Me da hasta un poco de vergüenza tantas veces que ha venido. Debe pasarle por la mente que no tengo nada que hacer. Que paso echada en el sofá todo el día leyendo, leyendo y leyendo. Pero la verdad de las cosas es que me acompaño de mis lecturas en la noche. Nos servimos una copita de vino con durazno y tenemos nuestra cita juntas. Viajo a mundos encantados, desgarrados, tristes, rotos. Personajes reales o ficticios me están acompañando. Se abren, me cuentan sus malos ratos, sus penas, sus enamoramientos. Las épocas me invitan a un paseo por sus tiempos y detrás de todo eso, pillo al escritor o la escritora de todo aquello. Por ahí siempre está presente, camuflado o camuflada, mostrando lo que pasa por su cabeza loca. Porque los autores nos cuentan tanto de ellos en sus libros.
Cuando leo me siento sapa. Entrometida, bisagra. Saber más y más los chismes y enredos del texto, de la historia. Pero también entender, reflexionar, sacar conclusiones.
La lectura ha sido un salvavidas de los últimos tres años.
Mis dos palabras son: Lectora empedernida.
Leer es un vicio, una costumbre que no me quiero sacar. Lo más probable es que después me digan la vieja de los libros en vez de la vieja de los gatos.
Leer ayuda a soportar este Chile ingrato.
Enojo. Palabra que hacemos derivar de enojar, verbo que viene del latín vulgar inodiare: causar aborrecimiento. Verbo que procede de la fusión de expresiones clásicas como in odio esse: estar en el odio, ser odiado.
Decepción. Viene del latín deceptio, deceptionis. Engaño, fraude, sentimiento causado por un engaño. Nombre formado con sufijo de acción sobre el supino deceptum del verbo decipere: engañar, burlar, defraudar. También, extraviarse.
Leo para hacerle el quite a estas dos etimologías. ¿De dónde vienen? ¿Por qué las siento?
A veces pienso, que quien más necesita una vacuna es el Estado. Para curar ese corazón desinteresado, ingrato y podrido y vuelva a tomar cariño y preocupación por sus ciudadanos.
Quitarle ese mal que tanto nos hace daño. Se burla, se ríe y nos corre la mirada diciendo ayudar a algunos y queriendo que los demás nos quedemos callados. Capaz tuvimos mala cueva. Capaz la emancipación fue como Lucifer yéndose del Reino de los Cielos y Chile se convirtió en un infierno y el Estado es el ángel caído con sus alas desgarradas y el corazón herido, resentido. No le importa nada.
Maldito Estado que tengo que vivir en tu infierno acalorado, loco y de puño alzado. Me tienes harta. Te voy a dejar tirado y voy a olvidar tu bandera llena de sangre y soberbia. Enfermaste a tu Chile. Generaciones y generaciones enfermas por tu tiranía llena de ofensas. Por eso leo. Para hacerme un rato la lesa después de escuchar todos los días noticias llenas de asaltos, robos, injusticias y pobreza. Leo para olvidarte y también leo para entenderte. Entenderte porque quiero justificarte como la mujer que se esmera en justificar a quien la maltrata, con la esperanza de que todo va a cambiar. De que en realidad es bueno. Mi relación contigo es tortuosa.
Leo para poder escribir que nos maltrataste, Chile; hasta que finalmente te denunciamos. Te denunciamos y el juicio está en nada. A ver qué pasa ahora a fin de año.
Enojada y decepcionada. Por la cresta, Chile, que me tienes cabreada. Nos engañas, te burlas, nos defraudas. Te extravías. Te nos pierdes. Dónde estás, Chile, con tu Estado tan odiado que terminas perdiendo el amor de todos quienes te amamos.
Lectura.
Designa la acción de leer. La palabra proviene del vocablo latín lectūra, que a su vez deriva del verbo legĕre, que significa «leer». Como lectura también se denomina aquella obra o texto que se lee. Del mismo modo, una lectura es la interpretación que se hace de un texto.
Leer para escapar de la desgracia ajena y la propia. Leer para entender la desgracia ajena y la propia. Leer para entender, reflexionar y justificar a un país en desgracia. Y de paso, entenderme a mí misma. Desgraciada hija de una patria en llamas.
Fin.
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