Mi querida amiga,
Estoy cansada de los humanos. Me harté de ellos, estoy al borde de terminar con ellos. Siempre está la frase de «te falta ser más humano» para decirle a alguien que tiene que ser más emocional, más empático; y si alguien no es nada de eso, entonces es inhumano. Pero no, la verdad, es que ser humano es ser grotesco, mentiroso, traidor, vil, cruel, egoísta, horrible.
Ser humano y convivir con ellos, es tremendamente agotador. Ser civilizado, es vivir en una tumba. ¿Qué nos pasa? Y que me lo pregunte es ridículo, porque la historia siempre ha estado llena de violencia, llena de humanidad. El ciclo se repite, una y otra vez, y nadie aprende, nadie quiere aprender, corregirse, ser mejor, ser más animal. Habría que ser animal.
Y la palabra, Dios mío. La palabra que es algo tan hermoso, tan necesaria, tan útil, Me encanta el poder de la palabra, pero ese mismo poder me da miedo, me da terror, me deja petrificada, dolida, desesperanzada. La palabra que sana es la que también te puede herir. La palabra que tranquiliza es la que también puede aterrorizarte, dejarte los nervios de punta. «Acoso y hostigamiento», fueron dos palabras que me tuvieron mal por mucho tiempo, y durante todo ese tiempo no encontré ninguna palabra que las borrara y me dieran paz, que me dejaran limpia.
Hubo palabras, eso sí, que casi fueron refugio, o más bien evasión, o más bien aprendizaje. Encontré en humanos ficticios mundos inventados que se transformaron en mis mundos paralelos. Mi mundo nunca me gusta mucho. Y todo esto es ridículo, es eso de que el pasto del vecino siempre es más verde, cuando usamos la misma agua, y compartimos el mismo aire. Tal vez es que estoy insatisfecha. Insatisfecha y decepcionada. Estoy decepcionada de los humanos y estoy decepcionada de las palabras que salen de ellos. Estoy decepcionada de que siempre se quiera hacer daño. Ese es mi problema, ese es mi problema con todo, en verdad. El daño. E insatisfecha porque siempre quiero más y, al mismo tiempo, quiero menos.
La palabra duele, hiere y destruye. La palabra que inicia una conversación puede estar abriéndote un paraíso, o estar empujándote al borde de un abismo. Las palabras son paraísos y abismos. Son manipulación, y la comunicación, las herramientas de la comunicación, son el gatillo. Las redes sociales, llenas de palabras escritas y habladas, son la palanca de seguridad que activa la granada. Palabras grotescas, imprecisas, sin delicadeza. Armas de violencia, pensadas, producidas, dichas. Estamos llenas de un lenguaje descuidado, completo de desprecio, liviandad y oscuridad. Palabras intoxicadas, con arrebato, hostilidad. Es el mundo del griterío y el desprecio; y entonces, la lucha, mi lucha, mi clamor, es ser amorosa, sobre todo, a la hora de escribir.
*Transcripción de una carta enviada a mi mejor amiga, que vive en el viejo mundo.
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