Sí, octubre fue un mes malo, ingrato, y no hice mis rituales. Mi escoba está averiada y aún tengo no ganas de repararla, al menos, no por ahora. Mi sombrero figura con polvo dentro de mi armario. Me he fallado. Me he fallado a mí y solo a mí. Me sentí triste la mayor parte del tiempo. Pasa que no me gusta ir a paso lento, y estoy media obligada por mi destino, mi signo zodiacal y por nacer bajo el número cinco. Pucha, que lata. Cada vez se me demuestra más que tengo bastante poca agencia sobre mi persona.

Además, he podido leer muy poco. El trabajo, el diplomado, la vida sana y la vida social, han dejado poco espacio para la lectura, que es mi tiempo personal. El trabajo sigue igual que siempre, es una lata y estoy constantemente entre querer mandarlo a la mierda y conservarlo, porque estoy bastante cómoda. Lo principal, es que no debo salir de mi casa para trabajar. Maravilloso.
El diplomado me tiene sin entusiasmo. Los últimos dos meses y medio se han tratado de escuchar las presentaciones de los compañeros y compañeras, y bastante poco al profesor. En definitiva, estoy pagando para escuchar a otros estudiantes y para que me compartan fragmentos de textos teóricos.
La vida sana… uf. Bueno, cuando digo vida sana, me refiero, principalmente, a que hago ejercicios de fuerza todos los días con unas rutinas de Spotify. El problema es que me estuve engruesando un poco y mis brazos me gustan menos que antes. La ropa me queda, y yo uso tallas pequeñas. Pero estoy disconforme, y, aparentemente, debo dejar el pan. No quiero dejar el pan. Es lo más rico del día (junto a la Ambrosella, el alcohol y el cigarro).
Y lo que tiene que ver con la vida social, bueno, cancelé varios planes para estar en mi casa. El jueves pasado, eso sí, me junté a almorzar con una amiga y lo pasamos regio. Hubiésemos seguido conversando por horas, pero las responsabilidades laborales nos obligaron a parar. La quiero harto a ella. Es luchona.
También fue mi cumpleaños. No tenía ganas de celebrarlo. Como siempre, claro está. Pero bueno, hice el esfuerzo emocional que se tiene que hacer para que los demás no se ofendan, independiente de que una lo esté pasando pésimo por hacer ese esfuerzo. Recibí un vino y el libro Proyecto Hail Mary. Más malo que bueno, la verdad. Es la típica novela escrita al servicio de Estados Unidos. El fin del mundo está pronto y Estados Unidos lidera la misión, tiene el mejor ejército y, claro, el enviado de Estados Unidos es el único que sobrevive al viaje. El astronauta chino y la astronauta rusa murieron. Uy que novedad, ellos no pudieron soportar, sí pudo Estados Unidos. En esa estoy, leyéndolo porque hay que leerlo y porque fue regalo, no pueden saber que no me gustó y que lo he abandonado. No, hay que tener rigor para ciertas cosas, y terminar un libro malo regalado, es una de ellas.
Pienso en mí y estos dos meses que quedan del año. Me da pereza. Lo que me falta es un hombre, un amor, un amor por el que valga la pena vivir. Una persona que me dé un propósito. Sí, me gusta trabajar, ser inteligente, independiente y saber que puedo sola, pero también… También quiero que me amen y sentirme amada.
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