La quiltra

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Montserrat Martorell fue mi profesora en dos talleres de Nuevo Periodismo de mi Universidad, y siempre admiré su delicadeza, su elegancia y su precisión, tanto en la palabra como en su comportamiento, su personalizada. Leí hace muchos años La última ceniza, y, al igual que ahora, que he leído su última novela, Solas, puedo decir que esa delicadeza, elegancia y precisión se plasman en sus novelas, y hoy, parece ser aún más certera; se nota la trayectoria. Y la verdad, es que creo que me faltan palabras para describirla mejor.

Su precisión con la palabra. Insisto, tiene una forma de decir que es elegante, delicada, fina. Muy pensada. Da envidia lo depurada que está su letra, su escribir.

Una escritura que se sostiene con cuidado, bien pensada. Incluso cuando aparecen chilenismos o algún garabato (muy pocos, muy medidos) no suenan fuera de lugar. Tal vez se siente alguna una pequeña extrañeza, porque la pluma es tan delicada que uno no espera ese quiebre.

Solas: una historia incómoda (y profundamente ambigua)

Solas es una novela breve, intensa y profundamente ambigua. La historia gira en torno a una profesora de literatura que se involucra con una alumna de su colegio. Hay una diferencia de edad de más de treinta años, y desde ahí el libro entra en un terreno complejo, incómodo, incluso peligroso. Pienso que hay un guiño evidente a Lolita, pero lo interesante es que Martorell nunca empuja al lector a tomar una posición clara. Y que potente aquello, porque a medida que se va avanzado en la historia, se pasa por distintas etapas. Al inicio hay cierta empatía, luego aparece la idea de abuso, después se complejiza con la emocionalidad de la profesora y, finalmente, todo se abre hacia un cierre poético, delicado, casi suspendido. No es posible tomar un bando, no hay un lugar constante para el lector. Te empuja a cambiar, a justificar, a no estar de acuerdo, a quedarte pensando. ¿Esto fue amor? ¿Esto fue abuso? ¿Fue ambas cosas? ¿O ninguna?

La novela no responde. Y en esa decisión hay mucha inteligencia.

Estructura y personajes que se mueven

Narrativamente, el libro también es muy interesante. Hay cambios de voz constantes: tercera persona, primera persona, diálogos que irrumpen sin aviso, perspectivas que se deslizan de un personaje a otro. Puede ser caótico en un comienzo, pero luego empieza a sentirse orgánico como si la forma misma del relato acompañara la inestabilidad emocional de los personajes. Sí, eso es.

La poesía, maravillosa poesía

Pero si hay algo que define esta novela, y que me encantó, y que admiré, es la poesía. Hay muchísima poesía en cada página. Y aquí vamos de nuevo, porque es una poesía elegante, contenida, precisa. Una poesía que logra poner en palabras algo tan difícil como la contradicción emocional. Porque los personajes no son coherentes, son humanos, son poesía. Es decir, complejos, contradictorios, sentimentales, difíciles de entender.

Es la ambigüedad de cómo se puede amar y al mismo tiempo dañar, cómo se puede desear y al mismo tiempo confundir, cómo se puede habitar un vínculo sin entenderlo del todo. En ese sentido, hay momentos donde la lectura se siente muy cercana a Clarice Lispector: breve, intensa, compleja, pero de una complejidad profundamente bella.

Otro punto que quisiera destacar es la técnica, la sensibiliad y la voz propia. Leyendo Solas, es evidente que hay una escritora con mucha formación detrás. Hay técnica. Hay lectura. Hay estudio. Pero nada de eso se siente rígido porque todo está puesto al servicio de una voz que ya es muy propia. Y eso, en una novela tan breve, es difícil de lograr.

Incomoda, y esto está perfecto

Además, hay algo que valoro mucho. Esto, a mi parecer, es una novela feminista que no es para nada cómoda. Porque el tema que aborda es complejo y no permite una lectura fácil. No permite una postura automática. Es decir, resulta tremendamente interesante.

Incluso el contexto de pandemia (que aparece en la historia), se integra como una capa más de aislamiento, de encierro, de emocionalidad contenida.

Solas es una novela corta, pero profunda, muy profunda. Da para reflexionar de lo correcto e incorrecto en las relaciones y quién es quién para definir lo uno o lo otro. Pienso, además, que Montserrat Martorell merece un lugar mucho más visible dentro del panorama literario. Lo que hace acá es inteligente, delicado y arriesgado al mismo tiempo. Y eso no es fácil.

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