La quiltra

Lee – Recomienda – Relata – Reflexiona

Me di cuenta que mis últimas entradas reflexivas sobre mis lecturas, comienzan igual. Que tonta, y perdón. Estoy cansada. Marzo ha sido un mes movido, agotador. Tengo la cabeza quemada. Y trabajar en marketing no ayuda mucho. Mi creatividad, si algún valor tiene, se va para uso capitalista, más que para uso creativo. He mantenido el ritmo de lectura, sí; pero he podido escribir nada.

La llegada del otoño no ayuda mucho. Soy una fanática del verano, de la sandalia, del short y la polera sin sostén. Fanática de la piscina, del pelo aclorado, del olor a bloqueador solar. Soy fanática de la ligereza y esa ligereza solo la encuentro en verano. El frío, en cambio, me marchita. Con tanta capa de ropa para capear el frío me siento pesada. Mis reglas son más intensas. Mi circulación sanguínea se va a la cresta. Me canso, me deprimo, me quiero morir hasta la llegada de la primavera. Eso sí, mis ropas de invierno son mucho más elegantes que las del verano. Me subo el pelo, me pongo más europea.

He ido al teatro. Fui a ver Razones para no morir, en el GAM. Fui con mi hermano. Yo invité la obra y él la comida. Lo pasamos chancho y comimos como chanchos. La previa empezó en el Under Pizza de Metro Universidad de Chile. Grasosa, artificial, pero cumplidora. Y antes de encaminarnos al GAM, pasamos a la Iglesia, agradecimos y también pedimos. Dios es capitalismo. Después, la entrada a un bar cualquiera en Lastarria. Pisco Sour para mí, Aperol para él. Sushi y hartos cigarros. Ebriedad y listos para la obra. La cagó Néstor Cantillana. El huevón actúa la raja. Y Carla Casali, con un talento y una sensualidad maravillosa.

El resto ha sido aprovechar las últimas pasteleras caseras de la temporada. Harta humita, poroto granado y pastel de choclo. Harto tomate, harta empanada de mechada queso. He comido por montones, y menos mal mi metabolismo recién entrado a los treinta, está respondiendo bien.

Estoy agotada porque también en tenido que socializar mucho. Eventos relacionados a mi trabajo en donde no puedo estar en mi parada cool: fumando cigarro, con mis lentes de piloto y mi pisco sour en la mano, sin pescar a nadie. No, en esas instancias no puedo. Tengo que ser amable, demostrar mis habilidades, conversar con quienes no me interesa conversar. Sonreír cuando no me gusta sonreír. Vestir formal, cuando me gusta vestir boho chic. Escuchar números sacados de la manga sobre las finanzas y las mujeres. Escuchar a hombres blancos hablar de brechas de mujeres blancas. Escuchar a mujeres blancas acomodadas, hablar de brechas de mujeres blancas acomodadas. Asistir a un evento de empresas con impacto social en Kennedy, con empresarios/emprendedores que tienen el complejo de abajismo social y sienten culpa del privilegio con el que nacieron. Escuchar hablar de sostenibilidad y hablar de sostenibilidad, sabiendo que ambas acciones, no tienen sentido alguno, más que para un grupo pequeño que cree ser un grupo grande. Que cree ser el país.

Todo eso me agota. Pertenecer, por fuerza, a ese cinismo, me agota. Me quita energía. Es el vampiro capitalista chupando mi sangre. Soy una rueda suelta forzada a entrar en un eje. Soy una quiltra, una perra abandonada, huérfana, que tira tarascones al mundo entero.

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