Leer Las malas de Camila Sosa Villada ha sido, para mí, una experiencia profundamente reveladora, tanto, como lo fue ver, hace solo unas semanas, La misteriosa mirada del flamenco. Sí, Las malas es una lectura que te mueve el lugar desde donde miras el mundo. Ahora quiero leer todo de Camila Sosa Villada.
Su pluma que es una mezcla de belleza y crudeza que conviven sin anularse. Su narrativa tiene un realismo mágico único, porque es un realismo mágico atravesado por una brutalidad social constante, implacable. Es un realismo mágico que no suaviza, que no embellece la miseria, sino que la ilumina.
Cuando leo, creo leer, coquetamente, a Lemebel. Hay precisión en sus palabras, en lo emotivo, en lo reflexivo, que hace chocar al lector directamente con un terror social brutal, real y desolador. Porque Las malas no es solo una novela sobre la miseria o las complicaciones de ser travesti. Es mucho más que eso. Es un libro sobre la doble vida, las formas del amor, las formas de hacer familia y, sobre todo, las formas de sentirse familia. Es una novela sobre la identidad. Sobre no sentirse, y también, sobre sentirse más que nunca. Es una historia de desplazadas. De un mundo ingrato, feroz y cruel. De lo frágiles —y muchas veces estúpidos— que son los estatutos sociales que deciden quién pertenece y quién no. Es un libro de un país.
Disfruté cada párrafo, cada escena, cada gesto de la narración.
Entrar donde normalmente no entramos
Leer a Camila Sosa Villada es leer lo que falta. Es leer a las travestis y eso no es menor. Porque creo que muchas veces quienes no pertenecemos a este colectivo creemos que «sabemos» lo que ocurre. Sabemos, por ejemplo, que existe la prostitución travesti. Sabemos lo que significa la prostitución en términos generales, pero no lo sentimos ni nos atraviesa. No entramos realmente en lo que eso significa para quien lo vive, y este libro hace exactamente eso: te obliga a entrar. Y cuando entras, ya no puedes mirar igual.
Camila ha dicho que le gusta la palabra travesti porque en ella hay sexo, hay erotismo, hay cuerpo, hay esperma. Y eso se siente en la novela. No es una palabra higienizada. Es una palabra viva, corporal, intensa. A mi ahora, también me gusta la palabra travesti.
El realismo mágico como refugio y resistencia
Desde un punto de vista más técnico, la novela utiliza el realismo mágico no como un recurso ornamental, sino como una forma de supervivencia narrativa. Lo mágico no aparece para embellecer la realidad, sino para hacerla soportable. Para crear una dimensión donde el dolor, el abandono y la violencia puedan ser habitados sin desaparecer. Ahí es donde el libro, según yo, encuentra una de sus mayores fuerzas.
Una imagen que no se va
Si tuviera que decir a qué se parece esta lectura, tengo que volver a mencionar que es como ver La misteriosa mirada del flamenco. Esa misma sensación de entrar a un mundo que siempre ha estado ahí, pero que nunca habíamos mirado de frente. Esa mezcla de belleza, violencia, ternura y desgarro. Eso me pasó con este libro. Leer a Camila Sosa Villada es leer lo que falta, es leer a las travestis.
«Eso somos como país también, el daño sin tregua al cuerpo de las travestis. La huella dejada en determinados cuerpos, de manera injusta, azarosa y evitable, esa huella de odio»
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