La quiltra

Lee – Recomienda – Relata – Reflexiona

Acabo de terminar Furia, de la escritora mexicana Clyo Mendoza, y lo primero que me quedó dando vueltas fue la sensación de haber entrado a un territorio donde lo real y lo sobrenatural conviven sin pedir permiso entre ellos, y en una novela que se sienten profundamente latinoamericana. La muerte está siempre cerca, el misterio atraviesa la historia y lo cotidiano se mezcla con lo fantástico de una manera que me recuerda inmediatamente a Pedro Páramo y el realismo mágico.

Furia, de Cylo Mendoza

La novela se mueve en un universo donde aparecen varios de los elementos más potentes del imaginario mexicano: el folclor, las leyendas populares, la presencia del diablo, los rumores del pueblo y esa relación tan íntima que la cultura mexicana tiene con la muerte. Pero lo interesante es que todos estos elementos no aparecen como simple decoración literaria. Lo interesante es que funcionan como una forma de explicar el mundo. Una forma de explicar pueblos olvidados del desierto y que están marcados por la precariedad, la pobreza, la prostitución y el abuso hacia las mujeres; lo sobrenatural se convierte casi en una manera de entender aquello que la realidad por sí sola no logra explicar. Ahí la novela adquiere algo que yo sentí muy cercano al terror social con la sensación de que la violencia estructural de esos territorios se filtra incluso en sus mitos.

Teniendo eso en cuenta, uno de los aspectos que más me llamó la atención por lo contemporáneo es cómo aparece la homosexualidad dentro de la historia. En el libro se presenta como una especie de maldición, como si fuese algo que proviene del diablo o de una fuerza oscura. Pero justamente ahí está lo inteligente del planteamiento narrativo. México es un país profundamente religioso y católico, donde muchas creencias populares todavía interpretan la sexualidad desde la culpa o el pecado, y abordar la homosexualidad desde el lenguaje del realismo mágico permite mostrar esa tensión cultural sin convertir la novela en un discurso moral o explicativo. La idea de que alguien tenga un demonio dentro por su deseo aparece más como reflejo del imaginario colectivo del pueblo que como una afirmación de la autora.

En términos de estilo, la novela tiene una prosa muy bella. Hay una dimensión poética muy clara en la forma en que está escrita, lo que probablemente se explique porque Clyo Mendoza proviene del mundo de la poesía. La narración tiene momentos muy elocuentes, con imágenes intensas y un lenguaje que por momentos parece más cercano a un poema largo que a una narración tradicional. Eso sí, exige atención. Hay saltos narrativos y cambios de perspectiva que obligan a leer con concentración para poder ir armando el hilo de los acontecimientos. La semana en que leí esta novela yo estaba particularmente agotada mentalmente, por lo que me tomó esfuerzo mental leerla, pero sin duda fue un goce, igualmente.

Desde el punto de vista técnico, el libro trabaja con varias herramientas propias del realismo mágico y de la narrativa latinoamericana contemporánea:

  • Una estructura fragmentaria que se mueve entre distintos momentos y voces
  • La convivencia natural entre lo sobrenatural y lo cotidiano
  • El uso del folclor y la tradición oral como parte de la construcción del mundo narrativo
  • Una atmósfera donde el misterio es más importante que la explicación

El final, además, me pareció muy inesperado. Tiene algo profundamente poético y al mismo tiempo triste. Eso sí, es de esos cierres que no buscan resolver todo. De hecho, a mi parecer, no resuelve nada, pero sí deja una emoción flotando.

¿Recomiendo el libro? Sí, absolutamente. Sobre todo si a uno le interesa la literatura latinoamericana que dialoga con la tradición del realismo mágico pero desde una mirada más contemporánea.

Deja un comentario